
Erigido sobre un imponente istmo rocoso que se alza a 64 metros de altitud sobre el nivel del mar en la provincia de Castellón, el Castillo de Peñíscola se proyecta como una península fortificada.
Declarado Bien de Interés Cultural y Conjunto Histórico-Artístico, ostenta un título absolutamente excepcional, junto a Roma y Aviñón, Peñíscola es una de las tres sedes pontificias reconocidas en el mundo occidental.
Su colosal arquitectura exterior esconde una de las fortalezas templarias mejor conservadas de todo el continente europeo.
Su orografía, conectada a la costa tan solo por un estrecho itsmo de arena que históricamente quedaba cubierto por el oleaje durante los temporales, convirtió a este promontorio en una plaza inexpugnable y en centro de poder político, religioso y militar a lo largo de los siglos.
Historia:
Siglos IV a.C. – XII d.C. De Quersónesos a la Baniskula islámica.
Desde la Antigüedad, la estratégica silueta del peñón atrajo a los grandes navegantes del Mediterráneo. Navegantes fenicios y griegos utilizaron esta prominencia rocosa como puerto natural de escala en sus rutas comerciales, bautizándola con el nombre de Quersónesos, vocablo griego que se traduce literalmente como «península».
Durante la dominación romana, el asentamiento mantuvo una intensa actividad marítima y comercial. Con la posterior llegada de las tropas musulmanas a la península ibérica, la plaza se transformó en la fortificada y próspera Baniskula.
En 1124 nació allí Mohamed ben San, Aben Mardanis (conocido como el Rey Lobo), quien gobernó un estado independiente en el levante y sureste peninsular.
La ciudad andalusí creció al abrigo de sus defensas hasta que, en el año 1233, en la Reconquista, el rey Jaime I de Aragón logró su rendición pactada mediante una capitulación pacífica que garantizó el respeto a los bienes, leyes y costumbres de la población local.
Siglos XIII – XIV. La fortaleza templaria y la Orden de Montesa.
El destino arquitectónico cambió de forma radical en 1294, cuando el rey Jaime II de Aragón otorgó la plaza de Peñíscola a los caballeros de la Orden del Temple a cambio de la ciudad de Tortosa.
Bajo la dirección del Maestre Berenguer de Cardona, los caballeros templarios acometieron la tarea de erigir una gran fortaleza de piedra caliza.
En un periodo de apenas trece años (1294-1307), levantaron la mayor parte de la estructura, empleando las técnicas defensivas importadas de sus campañas en Tierra Santa.
Tras la disolución de la Orden del Temple decretada por el papa Clemente V en 1312, la propiedad y custodia del castillo pasaron a manos de la Orden de Montesa.
Durante el siglo XIV, los freires de Montesa mantuvieron la guarnición, ampliaron las defensas perimetrales y consolidaron la fortaleza como el gran baluarte defensivo de la corona aragonesa frente a las incursiones marítimas.
Siglo XV. La Sede Pontificia y el indomable Papa Luna.
El capítulo más célebre de la fortaleza se escribió a partir de 1411.
En pleno Cisma de Occidente, la Cristiandad se dividió entre varios papas rivales, el aragonés Pedro Martínez de Luna, conocido como el Papa Luna o Benedicto XIII, fijó su sede pontificia en el Castillo de Peñíscola.
Convertida en sede papal, la fortaleza templaria se transformó en sede pontificia. A pesar de ser excomulgado y despojado de sus títulos por el Concilio de Constanza, Benedicto XIII se mantuvo inamovible en su legitimidad apostólica hasta su muerte en 1423, convencido de ser el único papa verdadero.
Su tenacidad dio origen a la célebre expresión popular «mantenerse en sus trece».
Al fallecer, los cardenales afines celebraron un cónclave en las dependencias del castillo y eligieron a Clemente VIII, quien finalmente abdicaría en 1429, poniendo fin definitivamente al Gran Cisma de Occidente.
Siglos XVI – XIX. De los baluartes de Felipe II a la Guerra de la Independencia.
Con la irrupción de la artillería pesada en el siglo XVI y la amenaza de los corsarios berberiscos que asolaban el levante español, el rey Felipe II encomendó ingeniero militar italiano Giovanni Battista Antonelli la modernización de las defensas.
Antonelli proyectó los baluartes renacentistas adaptando el castillo medieval a los nuevos requerimientos de la guerra moderna.
En 1812, durante la Guerra de la Independencia las tropas napoleónicas bajo el mando del general Suchet ocuparon la fortaleza.
Dos años más tarde, en 1814, el castillo sufrió un devastador bombardeo por parte de las fuerzas aliadas españolas para lograr su reconquista, causando severos daños en las murallas medievales y en varias dependencias del palacio pontificio.
Siglo XX – Actualidad. Restauración y escenario cinematográfico.
Al perder su valor estratégico defensivo a finales del siglo XIX, la plaza militar fue desarticulada y el monumento pasó a depender de la Diputación Provincial de Castellón, institución que emprendió un plan de restauración y conservación que se prolonga hasta nuestros días.
Su inconfundible silueta recortada contra el mar ha seducido al séptimo arte.
En 1961, el director Anthony Mann convirtió Peñíscola en la Valencia medieval para la superproducción Hollywoodiense El Cid, protagonizada por Charlton Heston y Sophia Loren.
Más recientemente, en 2015, la fortaleza y sus murallas renacentistas acogieron el rodaje de la serie Juego de Tronos, transformando el castillo en los escenarios de la ciudad imperial de Meereen, también se ha rodado algún capítulo de la maravillosa serie española el Ministerio del Tiempo.
Descripción y Arquitectura:
Materiales: Está edificado íntegramente con piedra de sillería labrada a mano, lo que le confiere una solidez extrema y un aspecto sobrio.
La Fachada Principal: Presenta una severa portada románica con un arco de medio punto. Sobre ella destaca el escudo esculpido de la Orden del Temple y de los maestres que dirigieron su construcción (Fray Berenguer de Cardona y Fray Arnaldo de Banyuls).
Patio de Armas y zona palaciega.
El Patio de Armas constituye el corazón del complejo militar.
Desde este espacio central, descubierto, se distribuyen y organizan los accesos a las diferentes estancias palaciegas y de servicio.
Conserva su histórico empedrado de piedra de rodeno y ofrece un impresionante mirador natural al mar Mediterráneo.
Salón Gótico.
El Salón Gótico es una de las estancias más imponentes del castillo. Cubierto por una bóveda de cañón apuntada, servía como salón de recepciones y audiencias papales durante el pontificado de Benedicto XIII.
Las estancias del Papa Luna.
Anexas al templo se conservan las estancias privadas de Benedicto XIII:
El Estudio Papal: estancia luminosa dotada de grandes ventanales con vistas directas al horizonte marino.
La Biblioteca Papal: espacio legendario que llegó a custodiar una de las colecciones de códices y manuscritos más valiosas de la Europa medieval.
El Dormitorio Papal: una estancia pequeña, extremadamente austera y desprovista de adornos superfluos, fiel reflejo del carácter del pontífice.































El equipo utilizado fue:
Cámara: Nikon Df.
Objetivos: Nikkor 20-35 f2.8 y Nikkor 105 f2 DC

