Iglesia del Corpus Christi – Antigua Sinagoga Mayor de Segovia

En pleno corazón de la Judería de Segovia, muy cerca de la antigua muralla y de las estrechas calles que conservan el recuerdo de una de las comunidades hebreas más importantes de Castilla, se encuentra la Iglesia del Corpus Christi.

Lo que hoy vemos como un templo cristiano fue durante siglos la Sinagoga Mayor de Segovia, principal centro religioso de la aljama judía segoviana y uno de los testimonios más valiosos del pasado sefardí de la ciudad.

La construcción de la sinagoga se sitúa entre finales del siglo XIII y comienzos del XIV, aunque no se conoce con exactitud la fecha de su edificación.

Durante décadas fue el principal lugar de culto de la comunidad judía local, hasta que a comienzos del siglo XV pasó a manos cristianas y fue consagrada bajo la advocación del Corpus Christi.

Desde entonces inició una nueva etapa histórica que la convertiría en iglesia, convento y, finalmente, en uno de los monumentos más singulares de Segovia.

De sinagoga medieval a iglesia cristiana

La antigua Sinagoga Mayor desempeñó un papel fundamental dentro de la vida religiosa y social de la judería segoviana.

La primera referencia documental conocida aparece en 1373, cuando ya era identificada como la principal sinagoga de la ciudad. Sin embargo, tras los conflictos y tensiones religiosas de comienzos del siglo XV, el edificio fue confiscado y transformado en iglesia cristiana.

En 1419 ya aparece mencionado como “iglesia nueva” y pocos años después figura oficialmente bajo la advocación del Corpus Christi.

En 1421 el templo fue entregado a la abadía agustina de Santa María de Párraces, iniciándose una larga vinculación con distintas instituciones religiosas.

Más adelante, durante el siglo XVI, el edificio quedó integrado en el convento de las monjas Clarisas, comunidad que continúa ligada al lugar en la actualidad.

Una joya de la arquitectura hispanojudía

A pesar de las transformaciones sufridas a lo largo de los siglos, el edificio conserva buena parte de la estructura característica de las sinagogas castellanas medievales.

El interior se organiza en tres naves separadas por grandes arcos de herradura apoyados sobre pilares octogonales.

Los capiteles, decorados con motivos vegetales y geométricos, recuerdan claramente a los de la célebre Sinagoga de Santa María la Blanca de Toledo, con la que comparte importantes similitudes estilísticas.

Sobre las naves laterales se dispone una galería superior formada por arcos de herradura y arcos lobulados, elemento que tradicionalmente se asocia al espacio reservado para las mujeres durante las ceremonias religiosas.

La combinación de elementos mudéjares, hebreos y cristianos convierte al conjunto en un extraordinario ejemplo de convivencia cultural reflejada en la arquitectura.

El incendio de 1899 y la restauración

Uno de los momentos más dramáticos de la historia del edificio tuvo lugar durante la noche del 2 al 3 de agosto de 1899.

Un devastador incendio arrasó gran parte del convento y destruyó numerosos elementos originales de la antigua sinagoga, entre ellos artesonados, yeserías y buena parte de la decoración histórica.

El templo quedó reducido prácticamente a sus estructuras esenciales.

Las labores de reconstrucción comenzaron poco después y permitieron recuperar el edificio para el culto.

En 2004 se llevó a cabo una importante restauración destinada a recuperar la imagen histórica de la antigua sinagoga, reproduciendo parte de las yeserías y capiteles desaparecidos gracias a dibujos y documentos conservados de épocas anteriores al incendio.

El equipo utilizado fue:

Cámara: Nikon Df.
Objetivo: Nikkor 20-35 f2.8.

Hoces del Río Duratón – Ermita de San Frutos

El Parque Natural de las Hoces del Río Duratón:

Se sitúa en el tramo medio del río Duratón (Segovia), abarcando un profundo cañón calcáreo con paredes verticales que superan los 100 metros de desnivel.

Declarado Parque Natural en 1989 y clasificado como ZEPA en 1991, es una de las reservas naturales más representativas de la meseta castellana, célebre por su singular integración de patrimonio medieval y por albergar una de las colonias de buitre leonado más importantes de Europa.

La Ermita de San Frutos:

Situada en el corazón del parque natural sobre un promontorio rocoso rodeado por un pronunciado meandro del río Duratón, es el templo principal del antiguo priorato de San Frutos (siglo XII).

Es una construcción románica de siglo XII que se realizó sobre otra visigoda del siglo VII.

La fundación se atribuye a San Frutos (642 – 715) y sus dos hermanos, Santa Engracia y San Valentín, que eligieron el lugar para dedicarse a la vida contemplativa.

Posteriormente se completó el complejo con un monasterio y un cementerio.

La iglesia se comenzó a construir en el año 1093 y fue consagrada en el año 1100 por el arzobispo de Toledo Bernardo de Sedirac.

Su construcción está atribuida a un monje llamado Michael siendo el Abad Fortunio. Consta de una sola nave de 8 metros de ancho con dobles arquerías ciegas a sus lados que se levantan sobre pequeñas columnas y se cubre por una bóveda de cañón en tres tramos y arco de triunfo rebajado, al fondo de la nave esta el ábside.

Su acceso se realiza a través de dos puertas, la del lado norte es la principal, la otra está tapiada. Está formada por tres arquivoltas y guardapolvo. Las arquivoltas apoyan en cimacios adornados con motivos vegetales y en piletas lisas. Todo el conjunto sobresale del plano de la fachada.

Bajo el altar hay un sillar que recibe el nombre de piedra del santo; la tradición dice que si se dan tres vueltas (el paso es muy estrecho) se cura la hernia y con menos vueltas desaparecen los dolores.

El templo se reformó en el siglo XII con tres nuevos ábsides semicirculares, pero no fue hasta comienzos del siglo XVIII cuando se realizaron obras importantes en el interior de la iglesia. Se hizo un retablo nuevo para el altar de San Frutos y se trasladaron allí sus reliquias. Unos años más tarde se construyó la capilla nueva para el santo.

La presencia de los monjes benedictinos se mantuvo hasta que se vieron obligados a abandonar las instalaciones debido a la desamortización de Mendizábal en 1834.

El abandono y un incendio ocurrido en el siglo XIX acabaron llevando a la ruina al monumento.

En 1992 se creó la Hermandad de San Frutos del Duratón que se encarga de la conservación del lugar.

Leyendas y milagros:

“La Cuchillada”: Es la grieta que hay que salvar, en la actualidad mediante un puente de piedra, para acceder al recinto monacal. Según la tradición fue abierta por San Frutos con su bastón para detener a los sarracenos y proteger a los vecinos de Sepúlveda que pedían ayuda, siendo así que la grieta define el terreno «sagrado» que los infieles no debían pisar.

“La mujer despeñada”: La leyenda cuenta que en 1225 un marido celoso empujó a su mujer, en la creencia que esta le engañaba, al precipicio. La mujer fue salvada de la muerte por San Frutos, ya que era inocente, y en agradecimiento donó todos sus bienes al priorato. En uno de los muros del templo se puede leer la siguiente inscripción: Aquí yace sepultada una muger de su marido despeñada y no morió i hizo a esta casa lymosna de sus bienes.

El equipo utilizado fue:

Cámara: Nikon Df.
Objetivo: Nikkor 20-35 f2.8.
Filtro: B&W GND medio.